martes, 21 de agosto de 2007

1986 - Casal: Tino Casal en silla de ruedas - Enero 1986


“La silla no me importa en absoluto, es circunstancial y puedo poner los pies en el suelo”

Tras una larga temporada aislado de todo y de todos, Tino Casal ha vuelto a su domicilio madrileño para recuperarse tanto psiquica como físicamente del trance sufrido meses atrás como consecuencia de una enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida.

Cuando nos abrió su madre la puerta allí estaba, presidiendo la entrada. Era la silla de ruedas que últimamente se ha convertido en la amiga inseparable de Tino. “La silla no me importa en absoluto, es circunstancial”.

Tino, ¿Qué es lo que te pasó?

Todo empezó por una tontería estando en Almería actuando. Me hice un esguince en una pierna, y como tenia demasiadas actuaciones contratadas seguí con las galas; calmaba los dolores a base de antiinflamatorios cada vez mas fuertes, hasta que todo esto me produjo una hepatitis.

¿Cuánto tiempo duró esta pesadilla?

Todo empezó el 29 de agosto; la verdad es que todavía no ha pasado del todo, aunque lo peor si. Estuve diecinueve días en la UVI del Hospital del Rey, sin comer ni beber. Fue horrible, llegaron incluso a darme la extremaunción. Después de este hospital también pasé por Asepeyo, donde tampoco daban nada por mi vida.

La sonrisa parece haber vuelto al rostro de Tino Casal, lo peor ya ha pasado. A pesar de todo, la idea de la muerte le acechó en los momentos más difíciles.

¿Después de la cuestión hepática, ¿Qué pasó?

Cuando pasó la hepatitis me dijeron que buscara un buen traumatólogo, pues se me formó una necrosis de cadera, de la que me operaron, quitándome la cabeza de fémur, y una infección enorme en la pierna.

¿Te tienen que volver a operar?

Si, tengo que esperar tres o cuatro meses para poderme poner una prótesis en la cadera.

Tino demuestra una envidiable entereza, la enfermedad, no parece haberle afectado a su gran sentido del humor y a su desbordante alegría “Todo tiene su lado positivo; cuando pasa te das cuenta que los dolores físicos solo duran segundos, tenemos como un filtro mágico que te hace olvidar”

¿Te sentiste acompañado en la soledad del hospital?

La verdad es que sí, desde mis padres, que se trasladaron a Madrid para estar a mi lado, a toda la gente de la profesión, que iba cada tarde a verme llevándome regalos. Recuerdo con gran ilusión el ramo de flores que me llevó Alaska y el enorme tronco de brasil de Juan Pardo. Eso realmente es muy gratificante.

¿En este tiempo perdiste muchas galas?

Tenía mucha ilusión, porque iba a hacer una actuación en el auditorio de la Casa de Campo e iba a grabar un disco. Cuando llegó el día de la actuación y me tuvo que sustituir Alaska fue el momento más depresivo de mi vida.

Todo vuelve a la normalidad

Todo, aparentemente, parece haber vuelto a la normalidad. Es difícil ver las cosas con tranquilidad desde la incapacidad que supone la silla de ruedas que, aunque sea solamente “circunstancial” siempre impone.

¿Cómo es tu vida ahora?

Ahora es muy tranquila. Antes era como una valija repleta de ideas efervescentes y en estos momentos es reposada por la enfermedad, más que nada porque tengo que ir con muletas. Mi vida, exteriormente, ha cambiado; Interiormente conservo lo mejor de antes, pero he tomado conciencia de la gente que me rodea, he aprendido a llamar a las cosas por su nombre. Las enfermedades sirven para reflexionar un poco y para madurar mucho.

¿Cómo te definirías?

Difícil; me encuentro con todo el barroquismo que se me ve, aunque soy ingenuo y “naif” pero puedo poner los pies en el suelo.

Tino Casal es una persona sumamente creativa, diseña sus propias ropas y la decoración de su propia casa también está a su cargo: “cambió mi casa según mi estado de animo; cuando estoy componiendo estoy muy creativo, entonces pinto, diseño y hago música”

En la actualidad vive solo, la soledad le gusta especialmente, aunque su casa está repleta de buenos amigos.

¿Qué proyectos tienes?

Empiezo un LP a mediados de Febrero, todavía no tiene titulo. Al principio se iba a llamar “La ultima cena” porque era el último de un ciclón y todos mis amigos se dispersaron, y me apetecía hacerme la carpeta con todos mis amigos. Pero ahora ya no tiene sentido, porque el ciclo no se cierra, lo que noto es que éste va a ser el principio de una nueva etapa.

Diez minutos – 7 de Enero de 1986