lunes, 20 de agosto de 2007

1981 - Casal: Desde el vertice - 1981

Octubre 1981 -DIEGO A. MANRIQUE-
Carta de presentación incluida en el promocional de NEOCASAL

La pregunta del millón: ¿Por qué la música pop made in Spain es tan enclenque y provinciana? Olviden las obvias excepciones, la realidad industrial y artistica del pop español es lacrimosa. Naturalmente, hay docenas de razones estructurales y ambientales para explicar este lamentable panorama, pero ¡ea! dejen de amontonar disculpas: la responsabilidad principal tiene que residir en los propios músicos, en su debilidad creadora y su provincianismo estético.

Tal vez estemos siendo excesivamente severos, realmente las condiciones de supervivencia son duras, pueden bloquear cualquier visión de futuro, cualquier idea que no contribuya a la resolución de los problemas de subsistencia más inmediatos. Sea como fuere, no hay nada realmente exculpatorio. La mayor parte de los músicos locales han perdido el contacto con el rico fluir del pop y el rock contemporáneos. En su día se quedaron colgados con algún sonido maravilloso que les venía de tierras extrañas, pero luego han ido desconectándose progresivamente: han dejado de comprar discos, pasan de leer revistas musicales, permiten que sus gustos musicales se conviertan en prejuicios ofuscadores.

Y esto es trágico, ya que olvidan que el pop y el rock cambian cada día y que taparse los oídos es ir recto hacia una vía muerta. En Francia, Holanda, Alemania o Italia hay gente (grupos, productores, solistas) que sintoníza con los sonidos dominantes anglosajones y los depuran, reforman o potencian con su propia capacidad artística: Kraftwerk, Giorgio Moroder, Capdevíelle, Lucio Battisti, Change, Nína Hagen, Herman Brood y tantos otros demuestran que no es necesario acoquinarse por la arrolladora fuerza de la industria discográfica norteamericana, que hay huecos para la inventiva y el ingenio. Toda esta filípica contra la estrechez de miras del pop hispano viene a cuento de CASAL. Aclarémoslo desde el principio: CASAL no tiene nada que ver con este prototipo de músico acomodaticio y derrotado. En cualquier momento uno puede hablar con él y compartir su entusiasmo por ese novísimo grupo tecno japonés cuyos discos ni siquiera se han empezado a distribuir en Europa. Conserva los oidos abiertos de par en par: sabe que estamos en un tiempo de velocisimas transformaciones y está siempre a la caza de los sonidos insólitos, consciente del reto perpetuo que supone la revolución electrónica iniciada por el señor Moog. También aprecía que el hacer un disco es un arte como otro cualquiera, totalmente separado de la práctica musical sobre un escenario. Igualmente, CASAL está consciente de que el pop es algo más que un sonido: es un negocio (y ¡ay de ti sí entras en él como un corderíto!), es un juego de imágenes y sugerencias que van más allá de lo meramente sonoro.

Lo que quiero decir es que CASAL entra dentro de esa reducida cofradia de músicos, técnicos, críticos y productores que quieren sacar al pop nacional de su raquítico agujero, que piensan y crean con sensibilidad europea. CASAL ha tenido la oportunidad de hacer un disco grande que es eminentemente cosmopolita. Y no solo por la mención de urbes de moda -Tokyo, Viena, Hollywood- sino por la concepción general. ¡Oh, si! habrá gente que se extrañe incluso de que aparezcan algunos temas en inglés, volviendo del revés el viejo tabú hacia el lenguaje; pues bien, no pasa nada, hay canciones cuya historia se ajusta mejor a la fonética británica y tampoco hay razón para traicionar una letra escrita originalmente en inglés por David Bowie. Eso son detalles menores: lo que importa es el trabajo desarrollado a lo largo de muchos meses por CASAL, Julián Ruiz Y todos los que figuran en los créditos. Un esfuerzo por crear una envoltura musical sofisticada y moderna al servicio de unas canciones que van desde el rock agresivo al tema de sabor mediterráneo. Naturalmente, no coincido con todos y cada uno de los cortes del album. Pero hay muchas cosas que me atraen: la atmósfera sonora de "Aquí en Viena", la potencia de "Stupid boy", el tratamiento espectacular del "White room" de Jack Bruce-Peter Brown, la ingeniosa explicación de la ascensión del pop y la tecnologia japoneses que es "Tokyo", el retrato de "Billy Boy", el uso de las voces. Estoy seguro de que este album tiene una fascinante historia técnica que CASAL y Julián contarán con placer en cualquier ocasión que se presente: ambos comparten una pasión no disimulada por la mesa de grabacion y sus deslumbrantes posibilidades. Todo esto, que conste, no lo digo porque artista y productor sean amigos míos -que lo son, desde luego - sino porque se lo merecen. Y si tuviéramos muchos mas como ellos, no habría necesidad de lloros y pataletas ante el estado actual del pop español. Que ya estamos en los ochenta ¿saben?