miércoles, 29 de agosto de 2007

1988 - Casal: Vuelta a empezar - apunte biografico

En la vida de los hombres hay una serie de constantes que parecen repetirse una y otra vez. Como números mágicos que dominan su destino. Los artistas no son una excepción. Al contrario. Nadie es tantas veces biografiado y revisado como un cantante, que cada vez que realiza una gala, edita un disco o gana un premio, ve como su biografía oficial crece en tres o cuatro nuevas líneas, mientras los párrafos donde se almacena el pasado conocen una nueva corrección.

Cuando me ha tocado hablar del regreso de Casal al mundo profesional, al mundo de los vivos, en definitiva he repasado su biografía. Sus biografías debería decir. Cuando cantaba con los Zafiros Negros, solo era un nombre propio en una reseña de tres líneas. Con los Archiduques satisfizo mejor su ego y grabó sus primeros discos. Luego, ya en solitario, cada nuevo disco significaba una nueva biografía, cada vez más larga, pero a la vez más inexacta cuando se refería a aquellos primeros pasos en la música asturiana. Y es que el paso del tiempo desdibuja los contornos y hace imposible fijar los detalles.

Y aquí vamos a intentar situar cada momento de su historia en su lugar, sin que por eso perdamos el contacto con la evolución general de la obra de Casal, que es realmente la historia de una espectacular transformación. Casal empezó a cantar en Asturias, “en la época en que se hacían famosos los Beatles” como el mismo recuerda. Su primer grupo fue los Zafiros Negros, donde ya empezaba a componer, cantaba y ¡tocaba la bacteria! Pero lo de la batería era solo una afición y su siguiente paso fue en un grupo, asturiano también, llamado los Archiduques. Allí, Casal era ya exclusivamente el cantante. Y con contrato discográfico incorporado.

Un contrato que le lleva a la primera de las grandes coincidencias no buscada, de su carrera. El primer tema que graba Casal, dentro de los archiduques, es “El lamento del gaitero”, también titulada “I love how you love me” ¿y saben de dónde salió la canción? Era un éxito de un dúo británico, que entonces empezaba, compuesto por dos hermanos: Paul Ryan y Barry Ryan, precisamente el interprete original de esa misma canción. Han pasado más de veinte años, y el destino ha vuelto a unir, a través de una canción, la carrera del asturiano Casal y los británicos hermanos Ryan. No será la única coincidencia en la historia musical de nuestro protagonista de hoy.

Porque después de tres discos pequeños, como corresponde a la época, la carrera de Casal conoce su primer frenazo, esta vez voluntario. Por eso decíamos que hay constantes en su vida, porque eso de frenar de golpe y porrazo una carrera que se muestra prometedora, se repite, y por tres veces a lo largo de su biografía. Dos, de forma voluntaria porque Casal prefiere empaparse de lo que está sucediendo a su alrededor para saber hacia donde dirigirse en un momento determinado. La tercera, pro culpa de una molesta, interminable enfermedad de la que acaba de salir.

El frenazo es debido a que Casal no ve claro que el camino al que van derivando los Archiduques encaje, con su propio concepto de la música de ese tiempo y de su papel dentro de ella. Así que se marcha a Alemania, Francia e Inglaterra, mientras los Archiduques derivan hace orquesta de baile y desaparecen como proyecto de grupo pop. La ausencia de Casal es breve esta vez. De su experiencia en Londres vuelve a España con nuevas ideas. Monta un pub en Madrid, “Eagle’s nest” y se dedica a la pintura, una de sus grandes aficiones que, de no haber mediado la música podía haber sido también profesión.

Nadie puede imaginarse a Casal alejado del gusanillo de la música. Pero tiene las ideas claras y quiere hacer cosas nuevas, que todavía chocan con los conceptos musicales de la época. Sobre todo cuando se tiene una voz poderosa como la suya y España acaba de perder un cantante lírico de la talla de Nino Bravo. Así que cuando Casal ficha por la compañía que grababa al cantante valenciano, no consigue cumplir sus propósitos y su carrera es una constante frustración que, por suerte, dura tan solo dos discos. En el primero canta ‘olvidar, recordar’ que escribió el propio cantante. El segundo es mas duro, porque sirve para su presentación en el festival de Benidorm. El tema a defender es “Emborráchate” y gana el premio de la crítica, el de la prensa especializada, el de interpretación “llevaba el coche, a la vuelta lleno de copas. Aquello sonaba a cada bache, como un camión de chatarra”

Y segunda parada y meditación. Cuando Casal deja la música suele refugiarse en la pintura. Pero esta vez la música es demasiado fuerte para él, y aunque ya no canta, le tienta el camino de la producción. En tan sólo unos meses realiza el primer disco de Tacones, dos de Obús, uno de Goma de mascar y el primer álbum de video. Es una extraña carrera, bordeando el mundo de la interpretación, pero negándose a ser arrastrado por el remolino. Y eso que hay dos personas que le empujan para que vuelva al ruedo. Uno es Rafael Gil, director artístico, entonces de la compañía EMI, que consigue su fichaje. El otro es Javier del Moral, entonces en Zafiro, que tira en dirección a su propio sello. Pero cuando Javier salta a EMI, toda la presión camina en la misma dirección y Casal se deja arrastrar de nuevo.

Es la tercera, y esta si será la vencida. En su trabajo como productor ha coincidido con Julián Ruiz, que entonces organizaba las primeras grabaciones de Salvador. Y con Luis Cobos que entonces es arreglista y músico de sesión. Los tres se meten en el estudio de grabación y surgen nueve canciones que son totalmente novedosas en España. Cuando la movida está empezando a emerger a la luz pública, con grabaciones muchas veces sobradas de ilusión y escasa de técnica, “Neocasal” es todo un aldabonazo en el 81. Siete canciones que llevan la firma de Casal, que también aprovechó el descanso para componer. Y para diseñar la portada de su álbum. Junto a sus canciones está el “White room” de Cream y el “Life on Mars” de Bowie. Pero el tema que se impone, por su originalidad y su fuerza, es “Champú de huevo”.

Sin duda se está incubando un éxito y una revolución. Este disco todavía les parece a muchos un montaje organizado por un talento promotor, pero sin autentica música dentro, aunque se admira la calidad del sonido y la perfección del trabajo. Casal no va a dar respiro a los que aún no han tomado una decisión, no se han forjado una opinión sobre su música. En el 82 aparece una canción que va a ser el anticipo de su siguiente álbum. Es “Embrujada” y con ella se confirma lo que muchos sabían en el fondo, pero no se atrevían a manifestar, detrás de esa música había un talento de primer orden, además de un montaje de autentica categoría. Un artista total que cuidaba al detalle las canciones y la puesta en escena.

Por aquel entonces Casal daría un paso que le confirmaría como artista de cuerpo entero. Iniciaba la televisión de Calviño un nuevo programa musical, por nombre “Tocata”, que se había comprometido a aparecer con sonido real y en directo. Y fueron muchos los artistas que ante tales condiciones fueron “cayendo del cartel” por diversas disculpas. Casal cogió el toro por los cuernos, se presentó en el primer programa de la serie, y lo salvó. Así, literalmente. El programa fue un desastre de organización. Los presentadores se equivocaron cada vez que abrieron la boca, los eléctricos no encendieron las luces a tiempo, el decorado no estaba terminado y las cámaras vagaban por el estudio. Pero la música de Casal sonó alto y fuerte, tranquilizando a los responsables e incluso a la novel presentadora, que no sabía por dónde debía salir Casal y le buscaba por los alrededores del escenario cuando casi empezaba ya a cantar.

El álbum que anticipaba “Embrujada” fue un enorme éxito y de él salieron temas como “Etiqueta negra” “Póker para un perdedor”, “Los pájaros” o “African Chic”. Fue número uno en albumes y varios de sus temas lograron la misma distinción en la categoría de singles. Y mientras los éxitos se sucedían, Casal se había metido ya en el estudio para empezar a preparar un álbum sorprendente, el tercero de su carrera, que además iba a aparecer en dos formatos diferentes. El álbum se titulaba “Hielo rojo”, y tenia nueve canciones. “Pánico en el edén”, “Teatro de la oscuridad” o “Hielo rojo”, que daba titulo al disco, eran las canciones que fueron imponiéndose para demostrar que en la mente de Casal había reservas para mantenerse en el primer plano.

Había sido una carrera meteórica. En el 81, el álbum “Neocasal”. En el 82, el single “Embrujada”y el primer número uno de su carrera. En el 83, “Etiqueta Negra”. Y en el 84 “Hielo rojo”. Una carrera sin respiro. Casal había encontrado por fin su camino y nos había convencido a todos de que era él quien tenía razón cuando empezó su tercera etapa hacia su autenticidad. Los formatos habituales no bastaban ya para mostrar su imagen al completo y por eso a la vez que se lanzaba el LP se editaba una serie especial que además del LP completo ofrecía cinco canciones en formato maxi-single, con duración extendida y aún más espectaculares en las mezclas.

¿Hasta donde podía haber llegado Casal en esa explosiva salida? La respuesta nunca la sabremos, porque por tercera vez va a tomarse un respiro. Este de forma involuntaria. Una desgraciada concatenación de accidentes y enfermedades le retira de circulación durante casi tres años. Todo empezó con un esguince mientras cantaba en el Pachá valenciano. El propio Casal cuenta, en otro lugar de ese cuaderno, la sucesión de incidencias que le llevaron a la cama del hospital y a una larguísima convalecencia, mientras su cabeza se debatía entre la desesperación y la ilusión. Al final ha ganado la ilusión y Casal volvió al estudio de grabación.

Ha salido de la tercera pausa en su carrera. Y no olvidemos que cada reaparición ha resultado más fuerte que la precedente. A su lado siguen los mismos hombres que creyeron en él y Julián Ruiz como productor. Por esas coincidencias del destino, que nunca son casuales, “Eloise” de los hermanos Ryan, como autor e interprete, es su nuevo banderín de enganche. Casal dice que es como si volviera a empezar. Si los veinte años próximos son como los veinte que le separan de aquella primera vez que empezó, la música española va a tener que contar, y mucho, con él.