jueves, 30 de agosto de 2007

1991 - Casal: Genio y figura - obituario

Si alguien se movió como por su casa en la escena del pop español fue Tino Casal. Gótico, provocador y fetichista pero, ante todo, artista de vida y obra inseparables.

Porque, entre otras cosas, sin reparar en los gastos de producción o el sentido del escándalo, dio rienda suelta a todos sus delirios a la hora de dar espectáculo con ambivalencias sexuales o realezas dieciochescas en su atrezzo.

A partir de los años 80, sus performances y videoclips inspiraron a no pocos de nuestros agitadores musicales. Ahora bien, no hay que olvidar que él venia del exilio cultural en Londres, donde se había educado del rock pura sangre de Steve Winwood al glamour de Brian Ferry. Que, disfraz sobre disfraz, su juego era serio porque había sido conquistado a pulso cuando, en los años 60, no soplaban vientos favorables para estudiantes de Bellas Artes como él.

En 1971 Tino Casal llevó a cabo su primera exposición pictórica y, una década mas adelante, por la posmoderna luna de Madrid, nos enteramos de las tiendas inglesas que le vendían su fascinante ropa.

Y supimos que incluso se la diseñaba él mismo, a puerta cerrada, entre las figuras mitológicas y los objetos kitsch que, retocados a su gusto o tal como los adquirió en los anticuarios, decoraban su piso-museo.

Champú de huevo, Chico estúpido, Etiqueta negra… en contrapartida pocos compraron discos suyos a tiempo, todavía sin que con Tigre Bengalí y Embrujada en los años 80 se diera a conocer masivamente su música de laboratorio: sedosa, melódica a la hora de sugerir todo un paraíso prohibido de sensaciones. Previamente a que Pánico en el edén sirviera de sintonía a la Vuelta a España en 1984.

Antes aún, hacia 1981, había comenzado ya su labor de productor para el heavy metal del grupo Obús, al que no podía unirle sino la estética de la subversión. Después con el Teatro de la Oscuridad entre otros temas, vinieron más álbumes de su puño y letra, cuya nómina estaba destinada a terminar con dos títulos tomados de su diccionario: Lágrimas de cocodrilo en 1988 y en 1990 Histeria, cuya carpeta tenia palabras para un pintor amigo muerto de Sida.

Y es que, tras la enfermedad hepático-renal que le mantuvo en el dique seco entre ambos discos, cuando quiso volver a los escenarios todo eran rumores por parte de las camarillas… ¿sufría también el de Sida? Para que nadie saliera de dudas y un diagnostico tal en nada influyera a la hora de juzgar su maldita o bendita expresividad, quizás sólo eso, el destino le reservara ayer un accidente mortal de carretera.

A sus 51 años, Tino Casal se dejaba ver por la calle de cuero riguroso. Y, si acudía a una fiesta, resultaba siempre inevitable en ella llamara la atención con o sin lentejuelas; a menudo acompañado de indomables que, como Fabio McNamara, habían acabado fuera de los circuitos mercantiles de la tan traída y llevada “movida madrileña”. Siendo como fue Tino Casal un precursor, frente a estéticas dominantes adversas, hasta Miguel Bosé entre otros camaleones de talla reconocida le deben muchas poses.

Tino Casal falleció la mañana de ayer, a la edad de 51 años, en un accidente de tráfico en Madrid.

Nota: Sin entrar en otros detalles también confundidos y poco documentados de este escrito, Tino Casal tenía 41 años cuando falleció.

Lunes 23 de Septiembre de 1991. El mundo. Obituarios