jueves, 30 de agosto de 2007

1991 - Casal: Un tipo inteligente y original - Septiembre 1991

Casal se salía de lo corriente y sabía explotar cada una de sus rarezas. Me recuerdo cenando con él en un restaurante ruso, con vodka corriendo por las mesas, canciones cosacas flotando en la música ambiental, y todas las mesas fijas en su espectacular cabellera. Creo que era roja, larga y con tiras de tela o cuero. Antes había sido rubia y erizada. O morena y casi rapada.

¿Y que decir de los trajes? Era un muestrario de postmodernismo, Kistch, vanguardia o clásico sabiamente dosificado hasta dar una imagen que le identificara.

Pero Casal era mucho más que imagen. Quienes recuerdan sus comienzos habrán de remontarse al tiempo de Los Archiduques, un grupo de su Asturias natal con el que grabó sus primeros discos. Después de un largo silencio, algunos escarceos a finales de los setenta y la confirmación como una de las indiscutibles figuras del pop español de la década de los 80, que jalonó con cinco esplendidos discos, llenos de originalidad, frescura y una sana desfachatez que para muchos sonaba a pose, pero era su personalidad. Diseño, video, decoración y, sobre todo música.

Hagamos memoria y recordemos al artista. En el 81 fue NeoCasal. En aquel primer disco de su nueva etapa, estaban Champú de huevo, de creación propia o la versión del “Life on Mars?”, de Bowie y “White room” de los Cream. Porque las buenas versiones fueron su constante. Dos años después llegaba Etiqueta negra, con “Embrujada” una canción en la que Casal daba rienda suelta a los temas que le preocupaban: del esoterismo a las drogas, pasando por la moda o el mundillo nocturno.

El tercero, y estamos ya en 1984, tuvo un espectacular lanzamiento, con varios formatos y diversas remezclas. Se llamó Hielo Rojo y dentro estaba “Teatro de la oscuridad” o ese “Bailar hasta morir”.

Luego vendría una gravísima enfermedad, casi dos años ente la vida, la inmovilidad y la muerte. Se repuso, marchó a Londres, contó con los arreglos de Andrew Powell (Alan Parsons Project) y lanzó aquel “Eloise” que revitalizó el viejo éxito de Barry Ryan. Y en el mismo disco (Lagrimas de cocodrilo, 1987) estaba “Oro negro” o “La piel del diablo”.

El ciclo se cerró con 1990 Histeria, también con versión grandiosa de “Suavemente me mata con su canción”. Fue lo último que pudo editar. La vida se le acabó cuando quizás había cerrado un ciclo artístico y estaba lleno de dudas.

Hace unas semanas le reencontré después de varios meses sin saber nada de su vida. Me habló de sus planes, de su futuro. Y no lo tenía demasiado definido. Quizás quisiera guardar sus secretos o puede que supiera que se acercaba a una etapa en la que la música tendría un interés secundario para él. Me honraba con su amistad y debo decir que es uno de esos artistas que nunca me engañó. Ni en sus discos ni en sus planteamientos personales.

Tenía tanto talento y tanta capacidad innovadora que estoy seguro preparaba alguna sorpresa. Pero nunca supuso que fuera tan dolorosa como su propia muerte.

Jose Ramón Pardo – Diario Ya, 23 de Septiembre de 1991