jueves, 30 de agosto de 2007

1991 - Casal: ¡Hasta siempre, Tino! - Octubre 1991

Casal, Tino para los amigos, nos dejó para siempre el pasado 22 de septiembre. La carretera, el feroz enemigo de los músicos, segó su vida de madrugada. La noticia nos cogió desprevenidos, y nos ha dejado tocados y sin capacidad para recuperarnos. Tino siempre apostó fuerte, vivió a tope y nos deleitó durante años con sus ocurrencias musicales. Ahora se acabó. Perdimos al artista y al amigo sin que pudiera decirnos, una vez más, esto es lo que hay.

Terminaba una de esas largas noches que siempre disfrutaba minuto a minuto. Pocos personajes del Madrid de los últimos años vivía tan intensamente la noche, como si fuera su amiga y su medio ambiente natural. Todavía recuerdo cómo me contaba la inenarrable sensación que experimentó el día que volvió a pisar las calles nocturnas después de muchos meses de convalecencia tras una grave enfermedad. Tino era ave de altos vuelos a la luz de la Luna, nunca lo escondió, y sus ojos se maravillaban cada vez que volvía a sentir el resplandor del neón multicolor, el vaivén del aire y el ruido caótico de las calles. De esas experiencias salieron sus mejores canciones. La última, nunca nos la va a contar.

Tino era la sonrisa personificada incluso cuando le preguntabas por su fecha de nacimiento que tan celosamente guardaba en un pequeño cofrecillo que debió regalarle su abuela asturiana. Nació artista y vividor y luchó denodadamente hasta conseguir ser uno de los máximos impulsores del pop español de los 80. Anteriormente había estado en el grupo Archiduques y había hecho serios pinitos dentro del campo de la pintura.

El nacimiento de la nueva ola musical española, con todas sus tendencias, propició su ascenso al primer plano y el logro de un viejo sueño. Casal llegó vestido de lo que quiso, hizo palidecer a los falsos nuevos románticos y convirtió su habitual modo de vida en motor de su futura obra. Nada era pose. Bastaba con visitarle en casa, ver el decorado y el mobiliario, para comprobar que lo suyo era un modo de vida. Produjo grupos como Vídeo, Obús y Tacones. Y se dejó producir por Julián Ruiz en la totalidad de su obra. “Champú de huevo”, del álbum Neocasal, fue su tarjeta de presentación. Pero el reconocimiento general llegaría con canciones como “Embrujada” o “Pánico en el Edén”, en la que la creatividad del cantante y autor alcanzaría todo su esplendor.

Casal tenía ya tres álbumes (Neocasal, Etiqueta negra y Hielo rojo), todos de éxito creciente, cuando una lesión y una inexplicable e inconsciente automedicación le llevan al borde del abismo. Cuando Tino comentaba la triste experiencia, te miraba a los ojos y decía «vi la cara de la muerte muy de cerca pero le sonreí y conseguí auyentarla».

Volvió en 1988, después de un largo paréntesis, con Lagrimas de cocodrilo, del cual se extrae su impresionante versión de “Eloise”. Dos años después volvió a hacer de las suyas con 1990 Histeria, que dedica a sus amigos Costus, muertos de SIDA hacia un año. Terminada la década, cumplido un primer ciclo, Casal afrontaba el futuro cambiando de discográfica y proyectando con Julián una grabación en Japón. Su atrevimiento y sus ocurrencias no hubieran terminado ahí pero... «El destino es cruel, la vida es así de dura» nos balbuceaba nuestro amigo común Julián Ruiz apenas transcurridos unos minutos después de recibir la noticia y el mazazo.

Si desde allí nos lees, Tino puñetero, te aseguramos que esta última ocurrencia tuya es la única que no nos ha gustado. Vida, ¡qué injusta fuiste!

A.V.

Por mucho que sea el Paraíso, no están acostumbrados a gente como él. Y ¿como habra llegado hasta aquí? se preguntan las almas en el jardín celestial. ¿Y como le habrán dejado pasar vestido así?. Mas vale que se hagan a la idea, Tino Casal se ha ido de este mundo pero como siempre solo para instalarse en un mundo mejor. Con él se ha llevado un señorío y una prestancia que no todos supieron apreciar en su momento. El archiduque asturiano supo cautivarnos con su atrevida estética y su glamouroso talento. No se imponía, convencía. Su exuberante personalidad contrasto siempre con su entrañable timidez. Era el más deslumbrante. La vida madrileña tuvo en el a uno de sus pilares. A menudo era como un astro lunar: ninguna noche empezaba hasta que él hacia acto de presencia. Vivió su vida intensamente, incluso cuando una enfermedad le tuvo 3 años retirado. Tuvo éxito y mucho pero el éxito no le cambio. A estas alturas ya debe de tener organizada su corte barroca. Hay un extraño en el paraíso. Hay pánico en el edén.

R.A.

Octubre 1991